Una “espada de dos filos” (Hebreos 4:12), la espada del Espíritu (Efesios 6:17). Es el arma ofensiva del cristiano para luchar contra los ataques del diablo.
Una lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino (Salmo 119:105). Me permite evitar los obstáculos y las trampas del Enemigo en el oscuro mundo que atravieso.
Un fuego, un martillo (Jeremías 23:29). Ese fuego juzga y purifica nuestros pensamientos y acciones. A menudo ese martillo tiene que vencer nuestra obstinación.
Un espejo (Santiago 1:23-24) que refleja nuestra imagen y nos hace ver lo que somos a los ojos de Dios.
La Biblia también es como agua que lava nuestra conciencia (Efesios 5:26) mediante el juicio de nosotros mismos cada vez que un pecado interrumpe nuestra comunión con Dios.
La leche espiritual no adulterada (1 Pedro 2:2). Es un alimento completo que asegura la supervivencia y el crecimiento espiritual al hijo de Dios.
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